TERAPIA Y PEDAGOGÍA

 A menudo sucede que al ponerle nombre a las cosas, pierden su verdadero significado. Etiquetar la música con una palabra, puede restringir toda su potencia. Pero hablar de la música de Ol Sasha identificándola como «música sin nombre», hubiera constituido un acto incomprensible para el público y la industria musical.

Ol Sasha eligió la palabra «ROCK» porque fue el estilo de la primera música que escuchó. Añadió la palabra CONSCIENCIA, porque fue la consciencia de la música lo que hizo conectarlo a las notas y las melodías por primera vez en su vida. Además, la combinación Rock-Aware, lanza un mensaje muy concreto: consciente de la roca. Consciente del peso excesivo o del obstáculo que priva el desarrollo humano. La roca puede interpretarse como el Sistema que no favorece la plenitud de los ciudadanos. También puede interpretarse como el Ego, esa piedra metida en el zapato de las mujeres y los hombres. Es una molestia que pocas personas se quitan, para avanzar tranquilamente, y más cómodamente.

La vibración de la música que compone Ol Sasha, también puede denominarse «la verdad hermosa del amor en libertad». Pero tampoco sería una forma eficaz de darla a conocer. Se entendería perfectamente bien el concepto, la motivación y el interés del artista. Aunque algunos críticos, y seguramente parte del público, podrían señalar al cantante como alguien arrogante y soberbio, por lo ambicioso de su afirmación.

La palabra «rockaware» puede asociarse a cien cosas distintas. Depende de cada persona que escucha este término. Quizás por su edad, por sus costumbres e influencias musicales, por lo que sabe respecto al Rock actual o por lo que no sabe respecto al Rock original de los años cincuenta del siglo pasado. La ciudad y el país en el que vive, seguramente mantienen una posición cultural en relación al Rock. El idioma puede ser otro factor, dado que Ol Sasha canta en español, por lo que es más fácil que sea escuchado por una audiencia hispana.

En cualquier caso, el género Rockaware no es únicamente la apariencia de su nombre. Es mucho más. Invitamos a quienes todavía lo desconocen a profundizar en una manera de ser y estar en el mundo, rodeados de canciones de consciencia para la innovación social. ¡¡Sean todos bienvenidos!! Que cada persona descubra los misterios de la música Rockaware.

 

 

El «cantar» nació con el ser humano, bramando durante el primer contacto con la realidad física de la Tierra. Con esa primera expresión vocal se escuchó a sí mismo, entrando en contacto con la posibilidad de darle voz a su alma.

Durante la etapa del hombre primitivo, se entonaban melodías muy cortas, con distintos tonos y ritmos, como una manera de comunicación que todavía no podía llamarse lenguaje. Para Ol Sasha, el canto existió mucho antes que el lenguaje bien articulado.

Con el pasar de los años, el canto iba respondiendo a las necesidades de los grupos o manadas o tribus. Se reunían alrededor de costumbres y ritos que derivaron en ceremonias religiones de diferentes estéticas, según los territorios. Aquello que todavía no eran «personas» ni tampoco «ciudadanos», estaban condicionados por la Naturaleza.

El Rockaware es energía que vibra en la profundidad del alma humana… inagotable en sus posibilidades y oportunidades para la acción.

En la antigüedad mediterránea, el arte del canto tuvo gran influencia en la oratoria y la retórica. Grecia fue el lugar donde los primeros discursos debían ser emitidos con determinadas cadencias y tono. Nacía el teatro y la pantomima que diferenciaban a los políticos de los payasos. Para la tragedia y la comedia, los griegos incorporaron cantantes ilustrados en la expresión y manifestación. Junto con los espectáculos dramáticos, se ofrecían secciones cantadas que relataban hechos de la época. Surgían los primeros trovadores. Músicos cuya función era aglutinar el acontecer más relevante para que las nuevas generaciones supieran lo ocurrido.

Durante la Edad Media, la Iglesia Católica realizó un aporte sustancial a través de los cantos litúrgicos . En Europa apareció un tipo de canto «profano». Entonces e elevó el canto como arte y los juglares lo dinamizaron por toda Europa. La improvisación libre del siglo XVI sentó las bases técnico-vocales. Apareció la ópera, la cantata y el aria. Fue un período de florecimiento, cuya característica principal, consistía en gravitar alrededor de la expresión y la comprensibilidad de los textos.

En la esencia del Rockaware reside el destino de nuestra raza. El origen de todas las cosas es una canción que eleva el espíritu humano para expandir la mejor versión ciudadana.

Surgió el virtuosismo vocal, a la par del instrumental musical que lo acompañaba. Se estrechaban los lazos entre música y declamación. Pero todavía no había una función de servico a la comunidad. Se trataba de entretenimiento.

Fue en el siglo XIX cuando apareció la canción como una «expresión artística» que venía respaldada con algunas exigencias técnicas que lograban enriquecer la actuación. En el arte vocal francés, el acento se ponía en la declamación de la palabra. La escuela belcantística italiana, señalaba la libertad vocal, en detrimento de las palabras pronunciadas. En Alemania encontraron un equilibrio entre ambos extremos. Luego los maestros como Verdi y Puccini, impusieron la unidad orgánica entre la palabra y el sonido musical.

En la actualidad, lejos del tenor italiano Enrico Caruso, gracias al acortamiento de las distancias y la integración de culturas por el Internet, no se puede hablar únicamente de «escuela italiana» o «escuela alemana». Es cierto que los idiomas determinan la emisión de la voz y sus posibilidades vocales, debido a las diferentes maneras en la pronunciación. Sin embargo, al cantante de nuestros días, se le exige expresarse correctamente, para ser completamente entendible, además de ofrecer una «magia» espectacular» que brille encima del escenario. Se ha globalizado la imagen estereotipada del «cantante».

No todos los cantantes, cantan las canciones que escriben. No todos los compositores, interpretan los temas que han escrito. Ol Sasha aúna ambas funciones del músico. Más que abordar la situación mundial en la técnica del arte y las enseñanzas más apropiadas acerca del canto «perfecto», con una mayor amplitud de miras, conviene enfocarse en la «misión» de la actividad. No tanto,preguntarnos el ¿por qué canta? Entender los motivos y los intereses del «PARA QUÉ CANTA, EL CANTANTE».

En el caso de Ol Sasha, es porque en su convicción está el que la «música sana». Es consciente de la realidad: la música reúne a personas muy distintas que en otros ámbitos y ambientes, pueden mantener posturas distantes o enfrentadas. Además, de concebirla como una especie de «terapia de grupo», resulta que la actividad puede convertirse en amena y entretenida. Expone públicamente sus vivencias y experiencias, mostrándose como el objeto de análisis en la tarea de mejorar el mundo entre todos. No es tanto, una guía que dirige como terapeuta. Él es el paciente y el doctor al mismo tiempo y realiza la proeza frente al auditorio, al que no obliga, ni tampoco intenta convencer.

Las canciones se crean como «mantras» saludables. Palabras, anudadas desde la armonía musical, apoyadas con instrumentos que realzan su función, para favorecer la vibración del alma. En las corrientes filosóficas como el budismo y el hinduismo, los mantras son una frase o palabra o sílaba «sagrada» que se recita como apoyo de la meditación, y su repetición, logra impregnar a la persona que invocar ese sentir o acción.

Por lo tanto, nos referimos a que la música puede ser perfectamente un tratamiento consciente que introduce pautas de acción concretas en la actividad de la personas. Ol Sasha aprovecha esta posibilidad para señalar actitudes que se convierten en conductas que mejoran la cotidianidad de las personas. Es una metodología magnífica para el desarrollo de nuestra sociedad.

El Rockaware suaviza las asperezas, te conecta a la armonía, disuelve la confusión, promueve la alegría, estimula la vibración, identificando el error que se corrige, y la sociedad que se mejora.

Es un grave error, muy difundido, la idea que al «cantante» cuyo instrumento es su voz, ha sido bendecido con algún tipo de poder sobrenatural que lo dota para cantar. La «hermosa voz» o la «potente voz» son el resultado del instrucción en los ejercicios y un entrenamiento constantes. Hay que aprender a encontrar los sonidos, esos largos agudos que suelen deslumbrar al público. ¡Cualquier persona puede cantar! Las acrobacias vocales, son el resultado de trabajo arduo.

Cada cantante, cada alumno de canto, es una personalidad distinta, con un grado de voluntad y compromiso muy diferente. El instrumento inserto en nuestro cuerpo, es flexible, y debe aprenderse a usarse, según la naturaleza personal de cada persona. Pero lo que nace el impulso del canto, al menos en el caso de Ol Sasha, es la necesidad de comunicarse. Su urgencia es la de compartir su sentir. La tarea de su actividad musical está enfocada en proporcionar ideas y pautas para crear entre todos una sociedad que se mejora a si misma desde la base. El artista no quiere ser un instrumento zarandeado por la industria musical o el Sistema que rige el mundo actual.

Estamos frente a un ciudadano sensible que siente en su organismo los desafíos de nuestra época y los expone públicamente con creatividad. Desde la música, para conseguir un mayor acercamiento de parte de la población mundial.

Mantiene una concentración audaz, una mente muy abierta a las posibilidades y un vigor en su corazón que habla de bondad. Su confianza es realmente aleccionadora, estimulante, pegadiza. Más allá de la técnica del canto y sus particularidades, más allá de los convencionalismos tradicionales, en una simbiosis magistral de instrumentos y estilos, plasma su legado a través de novedades como el «ensayo musical» o la «conferencia musical». Sus canciones se convierten en viajes, relatos, manuscritos que atesorar.

Le interesa la respiración baja, abdominal o costoabdominal y la relajación de las musculaturas desde las costillas hacia arriba, ¡sí! Por supuesto que sí. Pero mucho más que cuidar el registro de su voz para que suene bonita, está sincronizado con el «grito del alma» que promueve bienestar general y alegria compartida. Es sabido que los contenidos de sus canciones mencionan la consciencia de unidad y la fraternidad universal. Así la música se transforma en actividad de «utilidad social» y, es que a Ol Sasha, si algo le interesa más que la fama y la plata, es el «servir a la comunidad».

A los críticos de la voz, les dirá que sí, que valen de mucho las atenciones a musculaturas torácicas, claviculares, y sobretodo, de la garganta y el rostro y mandíbula. Pero mucho más valor tiene para el artista el que las personas puedan encontrar un momento de tranquilidad para escuchar su temas musicales realizados para reflexionar. Para profundizar en el alma colectiva que salva el planeta que agoniza.

Por su profundidad el Rockawaer es inagotable. Por su misterio es que resulta interesante. Por su tarea social es que resulta conveniente. A mí me encanta.

Queda claro que la respiración y el «apoyo» que tanto mencionan los profesores de canto, son cuestiones importantes. Tanto como la presión de aire subglótica, el flujo de aire que lleva el sonido a los resonadores, y el manejo de la cavidad de emisión. Pero lo verdaderamente vital es conseguir actvivar las almas de las personas dormidas, somnolientas, hipnotizadas por un Sistema que arrolla desde las instituciones la potencialidad del ser humano.

Para explicar el Rockaware y llevarlo a la práctica, basta con escuchar los discos que están en streamig. Ol Sasha ha publicado unas 15o canciones que está disponibles en las tiendas virtuales. En apenas dos años, se ha esforzado, incluso por alcanzar al público de habla francesa. Hemos sabido que ahora lo intenta con el idioma italiano. Pero también es sabido que en su faceta de productor musical, está realizando casting a talento joven para que las canciones sean reproducidas en todo el planeta y en todos los idiomas posible.

Hablamos de sensaciones gratificantes, que no siempre corresponden a la realidad de nuestros días. Transformar la vida que no agrada o perjudica, es una aventura apasionante. Ol Sasha ensancha la visión de la ciudadanía planetaria. La musculatura de sus canciones se nota en las persona que las escuchan, más de un par de veces. En ellas existe un impulso abdominal que no se percibe durante la primera vez. No son temas predecibles, sorprende. Detrás de cada nota que sería ·esperada», sobreviene algo inusual. Hay cambios de ritmo y tono en una misma canción, algo que resulta pecado o sacrílego para algunas discográficas.

Hablamos de un artista innovador, de una persona que rompe con los patrones que no sirven. Hay algunas cuestiones que han quedado obsoletas y que, desde su autonomía e independencia, se permite eliminar, para ofrecer a la audiencia otro formato más peculiar de concierto. La singularidad de Ol Sasha la experimentas durante una actuación, en la sala. Te hace sentir que tú también estás en el escenario con él.

Como «coach» no impone las reglas. Sugiere puntos de partida desde donde cada persona encuentra el punto de apoyo para impulsarse. Se trata de un ejemplo, siempre lo que canta tiene la base de constituirse como su practica o su aprendizaje en vida, y no lo presenta como una guía, lo hace como un ejemplo nada más. En las entrevistas, nunca te dará un consejo. Sólo emite una opinión, presenta el bosque completo y te deja elegir por ti mismo el árbol que más se adapta a tu conveniencia. Su estrategia es ferozmente ideal.

Cada ciudadano debe recorrer por sí sólo el sendero invisible que se hace visible con cada paso que se da. Ol Sasha muestra como levantar el pie y avanzar sin miedo, en la confianza de la propia energía. La dirección la marca cada persona, igual que el ritmo de avance. Por lo que el destino, siempre es personal y particular.

Será más viejo que las montañas y el cielo. Se convertirá en un hallazgo de tesoros escondidos en lo más profundo de los océanos. Porque en sus canciones hay libertad sin limitación. Hay creatividad, sin imitación. Dignidad, sin simulación. Bondad inagotable. Piezas memorables que resonarán en la eternidad.

El Rockaware contribuye positivamente a que los ciudadanos exploren su vida con curiosidad, permitiendo que sin darse cuenta, de repente, se topen con su «ocupación vital», tal como le ha sucedido a Ol Sasha. Encontrar finalmente la actividad que está en armonía con los dones naturales del ser humano y los talentos particulares de cada uno, es una tarea gratificante para cualquier compositor e interprete de esta música saludable.

El Rockaware permitie expandir la voz ciudadana. Su personalidad se verá reflejada en la comunidad. Habrá un rendimiento máximo del ser humano, algo que no sucede en la actualidad, a causa de la tiranía de las instituciones. La agilidad y capacidad de los hombres y mujeres AMIGOS DEL ROCKAWARE, distinguirá a la nueva generación que sin duda marcaran la diferencia.

La modulación de la energía, la proyección de la vibración, la dinámica creativa de la acción cotidiana, sin forzar el deterioro de la estructura de gobierno actual, es un logro impresionante que parece increíble. Pero es factible, viable, realizable. Así lo canta Ol Sasha desde su ANARQUÍA DEL ALMA.

No es poca la ambición de Ol Sasha. Intentar que un mayor número de personas, abandonen la desidia y la apatía, para tomar el control de sus vidas, deviene una causa noble. Pretender que el arte sirva para mucho más que aspectos estéticos y decorativos, utilizando la música para posicionarse ante la audiencia y el Sistema, refleja la humanidad de este ciudadano. Puede cumplir con la tarea que se ha marcado. Lo hace sin trazar las directrices de sus seguidores. Entregando conocimiento, sabiduría cósmica, detalles inequívocos para que la personas confíen en sí misma. No en sus palabras, si no en sus propios actos conscientes.

Ol Sasha actúa a otro nivel muy diferente. Lo hace con otra proyección muy distinta a los artistas habituales. Y aún digo más, siendo el referente y motor que caracteriza a los miembros de la «aldea global». Con su habilidad para impulsar la energía humana, señala la posibilidad de jugar y divertirnos, mientras vivimos saludablemente. Con su destreza en la propia vibración que sirve como ejemplo, lleva el destino de la humanidad por la senda de la realización personal y la prosperidad colectiva.

Un artista, creador musical e intérprete de su música, que es erige como «provocador» para pellizcar las almas amigas. Dispone de la oportunidad para incidir en la mejora social que, sin embargo, no realiza. El logro es de las personas que se suman al Rockaware. Los ciudadanos que desempeñan su actividad con los principios humanistas a flor de piel.

Transmite su sentir y comparte sus ideas mediante la manifestación musical, cuyo mensaje, es sí mismo, es una completa pieza de arte. Ejerce así un papel fundamental en el panorama actual. Ya sean sus canciones o sus conferencias y tertulias o talleres de coaching, Ol Sasha proporciona terapia y pedagogía, reflexión y diversión, oportunidades y posibilidades que están ahí, aguardando, como la piscona llena de agua fría que espera los cuerpos calientes por el sol abrasador.

Pone en práctica sin compromiso con el mundo que habita, por su alto sentido de responsabilidad y reseto, respeto hacia los demás, la Naturaleza, y el planeta Tierra. Afronta esta década del 20 con todo el rigor y vigor. Pero además el arte personal, de lo artístico de su música, Ol Sasha se presenta como un simple ciudadano ordinario, capaz de realizar actos extraordinarios y que pueden parecer sobrehumanos a los ojos del Sistema, que siempre ha menospreciado el potencial de las personas.

El Rockaware es una expresión cultural de nuestra época, cuyo valor es indudable. Es una de las grandes riquezas que está disponible para la población mundial. Es, un factor de trascendencia social. Una toma de conciencia que pone a la música, como motor de transformación, en un pedestal. Lo «entretenido» y lo «útil» se dan la mano. El «mensaje artístico» y la «premisa social» se funden en un fabuloso abrazo. Se induce en los ciudadanos, no tanto la urgencia de rebelarse. No el emprender una revolución. Se introduce la vocación de la «evolución altruista».

El Sistema que oprime y constriñe la energía de las almas humanas, contra todo pronóstico, tendrá que aprender a convivir con el progresivo empoderamiento ciudadano. Lo pequeño se levantará, para mostrar su grandeza entorpecida por procedimientos turbios. Aquí está la emancipación, gracias a que las personas despliegan su totalidad. La esencia humana aparece en las ciudades y los valles rodeados de altas montañas. La sensación es la del aventurero empuñando el timón del velero que se adentra en el extenso mar, rumbo a la isla paradisíaca que lleva años anhelando. Pero que siempre estuvo palpitando en su intimidad, bajo en pecho, entre los huesos.

El Rockaware, pues, es ARTE en mayúsculas.

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