ANUNCIO AVISO DISCULPAS

“Resulta poco amable decir –no- cuando alguien conmovido y rebosante de alegría te mira con chispas a los ojos para pedirte una fotografía… pero saber darle a cada momento su valor y a cada persona su lugar, es fundamental para el control del tiempo y la energía” .

 

Estaba compartiendo una agradable tertulia con personas a las que hacía años no veía y, de repente fuimos interrumpidos. Solicitaban atención. Pedían la posibilidad de unas fotos y autógrafos, sin mostrar respeto por nuestro espacio vital.

Mi compromiso con el público está con la audiencia, disponible desde las grabaciones de estudio que pueden comprarse y reproducirse hasta el infinito y, sobre todo, cuando estoy en el escenario ofreciendo un concierto con lo mejor de mí al descubierto. Pero una vez abandono mi “área de trabajo” me convierto en un ser normal, otro ciudadano más.

Me pregunto cómo reaccionaría el hombre o la mujer que abandona su oficina, la empresa, el despacho, la fábrica, y, estando con sus hijos jugando en el parque, de repente se le acerca un cliente o proveedor para pedirle información de un producto o servicio o llega el jefe reclamándole por un asunto laboral frente a su pareja que no entiende ese tono de conversación… seguro esta situación resulta incómoda y desagradable.

Francamente, no entiendo eso de los “autógrafos”. ¿Qué sucede con el papel? La mayoría de veces termina arrugado y se extravía, ¿qué sentido tiene guardar una firma realizada a prisa con una frase que el artista dedica a su fan, frase que jamás podrá ser del todo cierta si desconoce a la persona a quien le escribe con prisas en la puerta del hotel?

Prefiero los abrazos. Elijo un rato de buena conversación, con plena atención entre ambos, para conocernos y profundizar. Por eso hago este aviso: no quiero que me pidan hacerse fotos (selfys) conmigo, lo siento, mil disculpas. Es mi derecho.

 

 

En mi etapa de político, recuerdo que cuando iba a comprar al supermercado, la gente a mi alrededor murmuraba. Me señalaban con el dedo y realizaban comentarios. Supongo que hablaban acerca de los artículos y productos que metía dentro del carro. En la línea de caja, se fijaban si pagaba con efectivo o tarjea de crédito. Tal vez pensaban que a mí no me hacían pagar la compra igual que a los demás. Me sentía realmente acosado. A veces, incluso era peligroso, porque Zaak era un perro pastor belga de un tamaño impresionante, con el que paseaba en la madrugada y, si alguien se acercaba, podía mostrarse muy agresivo al desconocer a la persona que me abordaba. En la playa, nadaba bajo la mirada atenta de quien me observada fijamente mientras me decía a mí mismo ¿no tendrá otra cosa que hacer que estar pendiente de mí? Si compraba un helado, me obligaban a comentar ciertos asuntos populares de la semana que sucedían en el Ayuntamiento, cuestiones que afectaban a la vida cotidiana del municipio. No podía descansar. No lograba desconectarme. Pero era mi derecho. Los asuntos del pueblo se trataban en las comisiones de gobierno y los plenos mensuales a los que tiene acceso el ciudadano. Si alguien necesitaba algo concreto, podía visitarme en mi calidad de Defensor del Ciudadano, de lunes a viernes, de diez a dos de la tarde. Durante tres años y medio me sentí muy acosado, sobre todo, se acentuaba cada vez que ocupaba las páginas de los periódicos. Los mismos vecinos me sonreían o me retiraban abruptamente la mirada, incluso con menosprecio, en función del titular o la declaración en la radio. Sobre todo me sentía perseguido durante los festivales de jazz… algunas personas querían sentarse conmigo y compartir la mesa, estando yo con mis amistades… entiendo que cada cosa tiene su lugar. Entiendo que apreciar el momento presente es la base de una saludable armonía social y un sano equilibrio personal.

 

Mi propuesta es simple y sencilla. Durante cada actuación, ese día concreto, el anterior y el siguiente, si por casualidad hay personas que celebran su cumpleaños durante esas tres fechas, automáticamente estarán invitadas a participar de una cita coordinada. La persona que pueda demostrarlo, mediante su documento, y dos personas más a su libre elección, podrán visitarme en privado para tratar cualquier aspecto que les interese relacionado con la música o también cuestiones de ámbito social y particular.

Aquí queda escrito… que así sea y así se cumpla… puerta abierta al azar. Pero además, confirmo que yo personalmente, Ol Sasha, soy quien atiende los mensajes de la pestaña “Contacto” de este sitio web. Gracias por respetar mi decisión, amor & música.

“Los artistas, también tenemos vidas privadas y, en mi caso, protejo mi espacio vital. Mi vida se desarrolla con mis términos y bajo mis propios principios, por eso es mi vida. A quién le agrade mi posición, está bien. Para quien le desagrade mi posición, también está bien. Puede enojarse y tendrá que desenojarse a solas. No puedo modificar algo que me perjudicaría a mí”.

Share:

Leave a Reply