HOGAR MUSICAL

Leticia Herrera coaching cosmico coordina cursos

Ol Sasha Rockaware demuestra que en la casa y la familia todavía hay muchas zonas inexploradas. Su canción CREATIVIDAD DOMÉSTICA es un hito en la música. Con esta composición, es como si plantara una bandera en tierra desconocida. Clava una señal, pero no en el suelo que sirve para marcar el límite de un territorio o una propiedad. Clava una melodía en el seno del hogar como pauta para la conciliación y la armonía. Indica las distancias adecuadas para el respeto, así como la dirección para un camino alternativo a la violencia.

 

El Sistema, las instituciones, las empresas y sus prácticas, obligan a estar en alerta si amas tu integridad. Las políticas y los protocolos, y las mentiras, obligan constantemente a defenderse. A veces entras en cólera por la burocracia y la indefensión, por el abuso sufrido, por la impotencia que se padece y, al entrar en la casa muchos adultos descargan su ira y rabia contra la pareja y los hijos.

La canción de tipo ensayo o conferencia que propone Ol Sasha no es un acontecimiento puntual. Se trata de una propuesta amable de significado constructivo y pedagógico, para alentar desde la música, a paliar un grave mal social. Los llamados «feminicidios» son sin duda una lacra social que habla de absurdas muertes por absurdos motivos.

La canción CREATIVIDAD DOMESTICA marca un momento vital en el desarrollo del movimiento de innovación social que Rockaware aporta al mundo. No sólo al mundo musical, con su estrategia melódica. Se trata de un proceso para la vida de las personas e donde, de forma amena, con risas y juegos, poder afrontar una situación antes de que se desborde. Antes que sea demasiado tarde. Antes del primer golpe.

Tengo la costumbre de quitarme los zapatos al llegar a la casa. Lo ví de pequeño en una película japonesa y, desde ese momento, siempre lo he hecho. Entonces no supe su explicación o el motivo de esa tradición. Pero apliqué mi propia interpretación y simbolismo, en la convicción de que es la manera de dejar fuera del hogar la suciedad de la calle. No permitir que nada del exterior se filtre en el hogar. Que nada negativo entre en la casa.

 

Me lavo las manos en cuanto entro a mi casa. Solía quitarme el reloj y los anillos, vaciando los bolsillos en el recibidor, antes de adentrarme en la casa. Pero desde hace años que me desembaracé de la vanidad, ya nada me quito. Hace veinte años que no uso elementos decorativos.

Pronunciar el nombre del músico Ol Sasha y la palabra Rockaware, es como advertir que al día le sigue la noche, obvio que van unidos y son inseparables. La entrada de este artista en la música tiene que ver con la utilidad social, con su proyecto sobre el capital humanizado y la economía de cooperación, que dio como resultado Método ENERGYS y la concepción de la Sociedad Mejorada. Desde su aparición ha realizado un aporte para la simbiosis de las almas. Apuesta por la tendencia creciente de aunar esfuerzos en favor del bienestar general y la alegría compartida. La necesidad de activar el alma, como paso previo a desplegar dones y talentos en forma de energía creativa, es lo que caracteriza a este compositor e interprete que ha demostrado con su producción musical estar sumamente comprometido con el rumbo de nuestra civilización.

 

 

Ol Sasha explica en sus canciones las ventajas de la sinergia entre las personas. Fomenta el aprender a complementarse entre los ciudadanos que habitamos todos la misma casa-hogar. Se adentra en la violencia en el seno familiar, realizando esta afirmación contundente: dos hermanos que se pelean, equivale a la guerra en el mundo.

Durante diez años tuve mi propio hogar y familia. Durante esa época bendita, no permití que nadie interrumpiera la paz o pusiera en peligro la armonía que reinaba en nuestra intimidad. Protegí mi refugio, el lugar cálido y tranquilo donde descansaba los fines de semana, cargando baterías para enfrentar la semana laboral.

Se le llenaron los ojos de lágrimas al recordar «Galdana», así bautizó su vivienda en El Farell de Caldes de Montbui (Catalunya), a varios kilómetros de Barcelona. Situada en la cima de la montaña, con el valle a sus pies, Ol Sasha reconoció haber pasado la etapa más gratificante de su vida «con mi dos flores» añadió antes de quebrarse, como una frágil copa de cristal contra el suelo. Tuvo que levantarse para lavarse el rostro en el baño. Fui testigo de cómo se derrumbó. Pero al regresar, me lanzó al aire con una enorme sonrisa «Estoy agradecido de haberlas disfrutado.. no voy a perder un minuto en sufrir porque ya no están»… y se sentó junto a mí, variando el tema de nuestra conversación.

Cuando pinchaba discos de vinilo en la discoteca Red Sun a sus quince años, me explicó que solía empezar la sesión con música ambiental a la espera de que el lugar se fuera llenando de gente. Entraban por grupos. Se sentaban a tomarse la bebida de consumición que entraba con el ticket de acceso a la sala. Le gustaba poner a Pink Floyd, y señaló que siempre le llamó la atención que el grupo británico incluyera el llanto de un bebé o las aspas de un helicóptero dando vueltas, igual que si fuera una película.

 

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