AVERSIÓN A LA JUSTICIA

Por qué resulta que es -ilegal- decir la verdad… Por qué no debe decirse aquello que salva vidas… Este mundo está esquizofrénico y sólo en la música encuentro sosiego. Sólo desde el relato de una canción siento que puedo ser fiel a mí mismo. El Rockaware me permite desplegar mi potencial y usar la música para la utilidad social, despertando consciencias, iniciando la innovación que se necesita con urgencia.

Cuando algo está mal dentro del Sistema, cuando se usan procedimientos incorrectos, cuando las tácticas son notablemente nefastas y del todo inmorales, resulta que el funcionario que se niega a dar continuidad -a eso- rápidamente es acusado de vulnerar la Ley. Sucede lo mismo en los partidos políticos, te acusan de vulnerar los estatutos.
Hay mil historias de casos. Los gobiernos suelen ganar. El pueblo siempre pierde más. La raza humana es cada vez menos humana… menos sensible, solidaria, alegre, sensata.

Los funcionarios son empleados del gobierno y se deben a ellos… ¿sí?¿no? Deben ser fieles a quienes mandan (políticos, presidentes, altos mandos)… dejando de lado al pueblo, ¿sí? ¿no? Me refiero a que si por encima de todo está el cargo, el puesto, el empleo… antes que la condición de ser humano, el estatus como persona y ciudadano…
¿Por qué hay tantos hombres y mujeres que se han acostumbrado a que «quienes mandan» traicionen a los ciudadanos? ¿Por qué hay tantos hombres y mujeres que permiten que sus jefes les sigan humillando y explotando, abusando de ellos y ellas a diario?

En mi opinión, son héroes Daniel Jones, Katharine Gun, Edward Joseph Snowden, Julian Paul Assange. Sin embargo, son acusados de criminales por parte de sus gobiernos. Destapar la verdad ante el gran público, revelar los mecanismos corruptos y los actos indignos que afectan al mundo… deviene un acto de traición. Me pregunto si la población del planeta, sin importar bajo que bandera se rija, ¿tiene derecho a saber cuando su gobierno lo engaña y le miente deliberadamente… o pueden seguir amparándose protegidos por la excusa de la seguridad nacional?

Los funcionarios de las grandes instituciones son obligados a firmar la cláusula de «confidencialidad», es decir, se obligan a ser cómplices del secreto del mal, ¿se puede vivir feliz con esta circunstancia?

Imagino que no se apuesta por un cargo en el gobierno, aceptando de manera implícita que habrá «trapos sucios» que deberá tragarse. Sería absurdo optar a un empelo en una institución donde se sabe que se opera de manera fraudulenta. Nadie te avisa de que hay… pero los hay… ¿qué hacer cuando te topas con esta encrucijada en tu camino?

Las leyes son trampas. La Ley le dice al funcionario que no puede revelar nada de lo que vea o lea o escuche en la institución… es decir, incita a traicionar a sus semejantes. Si trabajas en el Sistema debes despojarte de tus principios y convicciones personales , ¿esto es adecuado? ¿Apropiado? ¡Claro que no es justo! Pero es lo que sucede desde hace más de un siglo… debes ser un robot insensible, convertirte en un autómata… ¡el secuaz!

La Ley protege las mentiras oficiales. ¿Dónde está la justicia? Si te topas «con algo» y no lo divulgas, a quien traicionas en realidad es a la ciudadanía… pero el gobierno dice que traicionas la bandera y al país, con lo que la patria va primero antes que la especie y la civilización, ¿justo?

Hay guerras «ilegales» (Iraq 2003)… Naciones Unidas no autorizó, y sin embargo, sucedió… pero… puede haber guerras legales… es legal matar a otro ser humano, uf!!
El Sistema.. este maligno monstruo sigue engordando año tras año.. yo sólo puedo cantar.. con la responsabilidad de que algunas de mis canciones expliquen la verdad.

Leticia Herrera coaching cosmico coordina cursos LETICIA HERRERA HURTADO

Después de leer el borrador de la canción “FALSA JUSTICIA”, es obligado preguntarse si es que Ol Sasha le tiene algún tipo de antipatía a la Justicia. Es sabido que en su nuevo Disco EXTENDIDO, que verá la luz pública el próximo 17 de mayo, habla ampliamente sobre VIOLENCIA INSTITUCIONAL. Una vez le hemos preguntado, así se ha expresado al respecto.

Descarga PDF 2020 “OL SASHA AXIOMA MUSICAL”

 

Ol Sasha Rockaware.- Aversión a la mentira y el engaño, sí, por supuesto. Aversión al fraude institucional… ¡absolutamente! Puedo detallar mi experiencia con los tribunales de justicia, teóricamente, el lugar imparcial donde se toman justas resoluciones para garantizar la equidad y el reparo del daño causado. No entiendo que pasar por el juzgado signifique complicarse todavía más la vida y obtener dolores de cabeza por las actuaciones absurdas o inverosímiles. Lo siento, no va conmigo el agachar la cabeza y asentir, permitiendo con el conformismo, la perpetuación de un sistema corrosivo para el alma humana.

ANÉCDOTA 1 – FACTURA

Entiendo que aquella persona que no tienen palabra, no tienen nada. Soy de los abrazos, apretones de mano, acuerdos verbales. No me gustan los contratos, porque significa que en caso de un desacuerdo entre las partes, aceptas el veredicto de un juez. En mi simple concepción de la vida y el mundo hay una máxima: en una relación de dos nunca cabe un tercero, y se muestra perfectamente en la pareja… cuando dejas entrar a un amante que lo arruina todo. Además de pagar los honorarios del abogado que redacta un documento que ni tú mismo puedes comprender, al final, resulta que los ciudadanos, estamos sujetos a la interpretación de un tercero… ¡que lo arruina todo!

En mi etapa de consultor empresarial, asesoraba a un comerciante. Acordamos un período de vigencia del servicio y un pago mensual que se cumplía puntualmente. Sin embargo, el logro se alcanzó antes de la fecha pautada para finalizar los pagos y, el comerciante, un día apareció en mi despacho. Solicitó todo el material que yo disponía de su negocio y, acto seguido, una vez entregado, dejó de pagar lo acordado. Me sentí traicionado y decepcionado y por primera vez acudí a un juzgado. Me explicaron que la demanda, no la podía interponer directamente yo, y que precisa los servicios de un abogado. Era la única manera, y acepté. El abogado que me recomendaron, y al que acudí, me explicó que sin una prueba documental no se podía efectuar la demanda del pago pendiente. Sugirió confeccionar una factura que detallara el acuerdo al que se llegó formalmente, plasmando las fechas y los importes mensuales a percibir. Inmediatamente generó su factura de honorarios profesionales, pero lo detuve de inmediato, diciendo “Ofrezco 20% de lo que se obtenga, una vez se obtenga, de manera de no incrementar más mi falta de efectivo”. El abogado aceptó mi condición. Se procedió a ejercer la demanda. La demanda ocasionó un fallo favorable, lógico, por los testimonios de empleados y proveedores que testificaron mi presencia física en la tienda, así como mi relevancia profesional a lo largo del año y medio trabajado. Sin embargo, el comerciante y su abogado, apelaron, y el proceso se alargó. Es decir, que ya habiéndose resuelto satisfactoriamente el asunto, se abre un procedimiento judicial mediante el cual se solicita al juez que anule la sentencia dictada. Entonces, pregunto, ¿para qué sirven los juzgados? Mi abogado no quería emprender un nuevo juicio si yo no abonaba sus honorarios que se iban a duplicar. Le recordé nuestro acuerdo. Dijo “Las cosas no son así, hazme caso a mí o te quedas sin nada” Claro, me mantuve en mi palabra dada. Mi sorpresa fue que mi representante legal se desapareció. Nunca más respondió a mis llamadas. Al cabo de muchos meses, recibí una carta del juzgado con la resolución del caso. Fallaron a favor del comerciante. Me acusaban a mí de falsedad en documento público y fraude a Hacienda. El propio abogado del comerciante, se puso en contacto conmigo, para advertirme que si seguía con la reclamación del dinero que yo había ganado legítimamente y el comerciante se negaba a pagarme, aun habiendo superado con creces las metas comerciales y la facturación de los dos años pautados, me iban a demandar por acoso. ¿Qué sucedió para que todo se pusiera del revés, si yo ya había ganado el pleito y condenaron a pagar al comerciante? Lo averigüé…

Mi propio abogado me traicionó. El que debía velar por mis intereses, pactó con la parte contraria. Quería dinero, no quería esperar y, sabiendo lo lento del proceso de apelación, se sentó a dialogar con el abogado del comerciante, ofreciendo un dato relevante, a cambio de una compensación de dinero rápido. Desveló la falsedad de la factura que él mismo había sugerido se confeccionara para armar la demanda. Como era un hecho cierto, el juez invalidó su propio veredicto favorable. Es decir, que el juez reconoció no haber hecho un buen trabajo de investigación, y se desdijo de lo dicho, Es lo que entiendo, ante la contradicción del veredicto… en fin, que atrapado en los pasillos judiciales, perdí otro año y medio de mi vida. Perdí mi tiempo y la virginidad institucional. Me dije a mí mismo “Jamás volveré a confiar en los tribunales de justicia y los abogados”. Tal vez por eso hay una maldición gitana que reza así: pleitos tengas, aunque los ganes.  

ANÉCDOTA 2 – PARQUE DEL RETIRO Y SEMÁNTICA

Este es mucho más simple y divertido, refleja lo absurdo del proceso judicial. Lo anterior, fue maquiavélico. Ahora toca una visión abstracta de la justicia. Todo se centra en una palabra.

En mi etapa de cineasta, estaba concluyendo la reunión con el elenco de actores y los técnicos, para fijar los escenarios y horarios de grabación en el parque de El Retiro en Madrid. Nos sentamos en la sombra. Dejé las maletas, con parte del equipo técnico, cámaras y demás, a mi espalda, mientras conversábamos. El sol estaba ardiendo. Se movía, conforme pasaba el tiempo. También nos movimos nosotros, con tal torpeza de mi parte, que el equipaje se fue quedando atrás. Absorto en la organización y coordinación, olvidé prestar atención a las maletas que contenían un material costoso.

En mi credo personal hay una máxima: nunca toques lo que no es tuyo. Si voy a un lugar, siempre dejo las cosas tal y como las encontré, no me llevo nada. No muevo nada de su sitio. Desafortunadamente, no todas las personas actúan de igual manera. La cuestión es que finalizada la reunión de producción, al levantarme y mirar alrededor… las maletas ya no estaban. Unos turistas franceses a quienes pregunté, me dijeron que vieron a un hombre cogerlas… y lo describieron con lujo de detalles. Corrí en busca de la policía. Les di la descripción exacta, detallando color y tamaño de las maletas. Tuve que poner la denuncia en la comisaría… perdí todo ese día. Pero justo al día siguiente, me avisaron desde la comisaría. Un policía informaba que habían detenido al sospechoso. Me citaron para un mes y medio más tarde… lo llamaron “juicio rápido”. Me puse en contacto con los turistas. Me dijeron que ya habían regresado a Francia. Me entristecí. Su aporte era crucial. 

Cuál fue mi sorpresa… el día del juicio, ahí estaban los franceses para testificar. Me dijeron que era su deber cívico. Faltaron a sus empleos. Realizaron el viaje, pagando de su bolsillo el costo, también del día de estancia. Era admirable. Estaba feliz de poder recuperar el equipo, y continuar con la realización de la película “DONDE ESTÁ CANDELA”. Pero no sucedió así.

Había una denuncia. Detuvieron al sospechoso. Los testigos, testificaron. Señalaron al sospechoso, quien todavía no había revelado el lugar y estado del equipo de filmación robado. Tampoco había afirmado ser inocente. El juez lo dejó marcharse. La persona que señalaron con el dedo los turistas franceses, como responsable de la desaparición de las maletas que contenían cámaras y demás material valioso, salió en libertad. ¿Por qué?

La explicación del juez, fue la siguiente: los supuestos testigos, afirmaron que ese hombre en concreto es el que vieron en el lugar de los hechos, llevando unas maletas parecidas a las descritas por la víctima, pero en ningún momento señalaron que el hombre, llevaba “LAS” maletas identificadas como desaparecidas o robadas. No queda claro que se trate de las mismas maletas. No se ha probado.   

ANÉCDOTA 3 – ENREDADO EN LA BUROCRACIA

Pasé cinco años y medio en la lista de un organismo que te señala como moroso, perjudicando tu historial financiero. Es decir, no podía solicitar créditos a ningún banco, por tener mi expediente “machado”. ¿Qué cómo sucedió?…

La publicidad es una herramienta perfecta para la venta de servicios, te seduce. Te crees lo que te dicen, y llegan los inconvenientes. Hay tanta falsedad… irresponsabilidad… ¡abusos!

Contraté los servicios de cable. Confié en las promesas de calidad y eficacia. Estaba a punto de llegar agosto. Quería aprovechar las vacaciones para ver películas clásicas en blanco y negro, pero el equipo contratado e instalado, no funcionaba. No tenía señal. Acudí a las oficinas, pero el cartel de “vacaciones” me dejó con el culo al aire, aún y habiendo pagado el costo completo. Lo peor fue ver como se pagaban los recibos de agosto y septiembre, por un servicio que no estaba disfrutando, sin que pudiera hacer nada al respecto. Me armé de paciencia.

Cuando finalmente abrieron sus puertas, no fue una disculpa lo que me ofrecieron. Tampoco vinieron de inmediato a resolver el problema técnico. Así que me sentí estafado, y solicité que me devolvieran el dinero. Mi máxima: no es lógico que se queden con un dinero cuyo servicio no han entregado, habiendo prometido ser eficaces y proporcionar calidad.

Intenté cancelar la relación comercial. En mi sentir, debían compensarme, corregir el daño, salvar su reputación, sin embargo, hubo una prepotencia tremenda cuando el director dijo que una vez firmado el contrato y efectuado el primer pago, se acepta la relación contractual. Pero yo no tenía señal. Ningún técnico acudía para resolverlo. Ordené bloquear el pago desde mi entidad financiera. La empresa siguió emitiendo los cargos, añadiendo gastos de devolución y demora. Repito: sin nunca enviar a nadie a resolver la nítida visión del cable, objeto del cargo.

Aburrido, decepcionado por tanta mala praxis y falta de empatía, aparqué este asunto. Al cabo de un año, recibí por carta una reclamación del abogado de la empresa por una cantidad desorbitante, amenazando con llevarme a juicio. Sabía que no iniciarían el proceso judicial por esa cantidad, pues el costo, sería superior a lo que obtendrían en caso de sentencia favorable. Pero no contaba con que pasarían informe con mis datos personales a uno de esos servicios de morosos donde “te ponen en la lista negra”. La cuestión es que no pude solicitar una tarjeta de crédito por tener un “mal expediente” y, ahí es cuando reaccioné. Tenía presente la maldición gitana. No quería otro proceso judicial que me saliera el tiro por la culata, como en el incidente descrito en este artículo.

Demandé a la empresa. Hice que un notario levantara acta del estado de la señal. Presenté ante el juez el folleto de publicidad y la promoción a la que me suscribí. Todo estaba correcto. Gané. Esta vez, la justicia me dio la razón… al cabo de otro año y medio. El veredicto cancelaba el contrato y la relación comercial, pero la recuperación formal del dinero ya abonado, no se mencionaba. El director me dijo arrogantemente “Vuelve con tu pleito para que te devuelva tu dinero”. También él sabía que era absurdo iniciar un pleito, cuyo costo equivalía al doble de lo que se pretende recuperar.

Aquí la moraleja está en que siendo inocente, responsable, correcto, me escupieron a la cara. Me anotaron, sin mi permiso, en una lista que me dañó por años. Nadie me indemnizó por los cinco años y medio de estar “secuestrado” con una falsa acusación, sin fundamento legal.

¿Cómo el Sistema… las Leyes, pueden permitir semejantes atropellos?

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